Empezamos

Hoy estoy motivado, así que lo voy a hacer hoy. No mañana, no la semana que viene, no cuando tenga la web perfecta, la identidad cerrada, los temas ordenados y una explicación elegante de por qué existe esto. Hoy lo hago porque, si no lo hago ahora, probablemente no lo haga nunca.

Llevo más de un mes dándole vueltas a DML. En mi cabeza ya ha tenido mil formas distintas: una web más personal, una especie de columna, un cuaderno de ideas, un sitio para hablar de internet, de cultura pop, de viajes, de economía cotidiana, de geopolítica sin corbata, de tecnología y de todas esas cosas raras, importantes o absurdas que pasan alrededor. Cada semana encontraba una buena razón para esperar un poco más. Que si todavía falta definir mejor el tono. Que si conviene preparar antes varias piezas. Que si mejor lanzar cuando tenga más tiempo. Que si quizá habría que pensarlo otra vez.

Eran excusas buenas, todas, y precisamente por eso eran peligrosas. Hay proyectos que no se atascan porque sean malas ideas, sino porque siempre existe una manera muy razonable de no empezarlos. Y yo llevo un mes jugando a eso: a preparar el terreno, a imaginar cómo debería ser, a buscar el momento ideal. Pero el momento ideal es una trampa bastante cómoda. Parece prudencia, pero muchas veces es miedo con camisa planchada. Así que a la mierda todo: empezamos.

DML nace sin tenerlo todo cerrado. Y casi prefiero que sea así. No quiero que esto suene a medio de comunicación recién inaugurado, ni a newsletter de gurú, ni a marca personal con frases motivacionales de esas que parecen impresas en una taza. Quiero que sea un sitio vivo, imperfecto y reconocible, un lugar desde el que mirar el mundo moderno con curiosidad, con algo de humor y sin ponerse insoportable.

Durante años he hablado sobre tecnología: móviles, dispositivos, inteligencia artificial, plataformas, redes sociales y todo ese ecosistema que nos prometía hacernos la vida más fácil mientras nos llenaba la cabeza de pestañas abiertas. Y seguiré hablando de ello, porque me interesa. Pero cada vez me cuesta más separar la tecnología del resto de la vida. Un móvil ya no es solo un móvil. Una red social ya no es solo una aplicación. Una película ya no es solo una película. Una crisis económica, una guerra, una moda absurda de internet o una conversación escuchada en una cafetería pueden explicar bastante mejor el tiempo en el que vivimos que muchos informes llenos de gráficos.

De ahí sale DML: no de presentarme como experto en nada, sino de aceptar que me interesan demasiadas cosas y que quizá la única forma sensata de ordenarlas es contarlas. Internet está rarísimo. El mundo también. La cultura pop se ha convertido en una sala de terapia con presupuesto millonario. La inteligencia artificial promete cambiarnos la vida cada tres días. La política internacional parece una partida de Risk jugada por gente con demasiados asesores. Y mientras tanto, uno intenta trabajar, crear algo propio, pagar facturas, viajar cuando puede, comer bien, no perder la curiosidad y no volverse completamente idiota en el proceso.

Ese es un poco el territorio. Aquí habrá actualidad, pero no para perseguir cada titular como si fuéramos un teletipo con ansiedad. Habrá reflexión, pero sin ponerse intenso porque sí. Habrá experiencias personales, pero no como terapia pública ni como exhibición emocional. Habrá viajes, cine, series, internet, tecnología, economía, geopolítica, rarezas modernas y todo aquello que me sirva para intentar entender mejor la época que estamos viviendo. La idea, si hay que resumirla, es bastante sencilla: cosas que pasan, cosas que veo y cosas que intento entender.

No sé exactamente en qué se va a convertir DML, y creo que eso está bien. Hay proyectos que necesitan empezar antes de entenderse del todo. Este probablemente sea uno de ellos. Si espero a tener una definición perfecta, una estrategia impecable y una seguridad absoluta, dentro de seis meses seguiré aquí, abriendo documentos, cambiando nombres de secciones y diciéndome que ahora sí, que la semana que viene lo lanzo.

Pues no: lo lanzo hoy. Sin gran manifiesto, sin fuegos artificiales y sin fingir que todo está clarísimo. Lo lanzo con ganas, con dudas y con esa energía un poco absurda de quien sabe que, si no aprovecha el impulso, vuelve a meter la idea en un cajón.

Así que empezamos. A la mierda el momento perfecto.

Deja un comentario