Para llegar a Marte, primero hay que pasar por la Antártida

Cuando pensamos en una misión a Marte imaginamos cohetes, astronautas encerrados en una nave y robots recorriendo un desierto rojizo. Lo que no solemos imaginar es a cuatro personas atravesando la Antártida en un trineo tirado por cometas. Sin embargo, una expedición española está a punto de demostrar que explorar nuestro propio planeta también puede ayudarnos a preparar viajes a otros mundos.

Se llama Trineo de Viento Antártida 2026-2027, recorrerá unos 3.400 kilómetros por el interior del continente helado y transportará instrumentos para 16 proyectos científicos. Entre ellos hay experimentos concebidos para estudiar la posibilidad de vida en ambientes extremos, probar sensores relacionados con misiones marcianas y comprender qué ocurre con nuestra mente cuando pasamos meses aislados. La travesía se presentó el 7 de octubre y la expedición tiene prevista su salida de España el día 18.

Presentación oficial de la expedición Trineo de Viento Antártida 2026-2027 en el Ministerio de Ciencia
Presentación de la expedición Trineo de Viento Antártida 2026-2027. Foto: Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Un laboratorio con cometas, sin motores y a miles de kilómetros de todo

La idea es del explorador español Ramón Larramendi, que lleva décadas desarrollando un vehículo polar tan sencillo en su planteamiento como peculiar en su aspecto. No se mueve con un motor diésel ni necesita una carretera: utiliza enormes cometas para aprovechar el viento que sopla sobre la meseta antártica. Los paneles solares alimentan los equipos científicos. Es una forma de convertir un medio de transporte en un laboratorio móvil que puede alcanzar lugares muy alejados de las bases habituales.

El vehículo mide 15 metros, está formado por cuatro módulos y puede transportar hasta 2.100 kilos. Para esta misión contará con 20 cometas de distintos tamaños, que se alternarán según las condiciones meteorológicas, y llevará inicialmente unos 250 kilos de instrumentación. A bordo irán Larramendi, el guía polar Hilo Moreno, el científico Mariusz Potocki y Javier Selva, encargado de documentar la expedición.

La ruta partirá de las proximidades de la base rusa Novolazárevskaya y terminará en Concordia, la estación italo-francesa situada en Domo C. Por el camino está previsto pasar cerca de Vostok, uno de los lugares más fríos de la Tierra, y por el llamado Polo de Inaccesibilidad. Se realizarán cinco paradas científicas prolongadas. El regreso de los expedicionarios está previsto para comienzos de febrero.

¿Qué tiene que ver todo esto con Marte?

Más de lo que parece, aunque conviene evitar la comparación fácil. La Antártida no reproduce las condiciones de Marte: aquí tenemos una atmósfera respirable, gravedad terrestre y un escudo magnético que protege de buena parte de la radiación. Pero sí ofrece frío extremo, aislamiento, problemas logísticos y entornos donde encontrar agua líquida o vida microscópica resulta complicado. Precisamente por eso es un buen campo de pruebas.

Uno de los proyectos, ANTAR-MARS, del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), desplegará una estación meteorológica con sensores de temperatura, humedad, viento y turbulencia desarrollados en el contexto de la exploración espacial. La misión permitirá medir fenómenos atmosféricos en un entorno muy exigente y estudiar cómo mejorar los modelos empleados para comprender Marte.

La NASA, a través de su Ames Research Center, participa en otro experimento que parece sacado de una novela: comprobar si el interior de determinadas rocas salinas puede generar pequeñas cantidades de agua líquida pese al frío y la aridez. Se tomarán medidas de humedad, temperatura y conductividad. Es relevante porque, si buscamos vida fuera de la Tierra, necesitamos entender antes en qué rincones inesperados podría sobrevivir aquí.

También viajará SOLID, una tecnología de detección de señales biológicas basada en un biochip con anticuerpos. Su trabajo con muestras de hielo puede ayudar a evaluar métodos de búsqueda de rastros de vida para futuras exploraciones planetarias. Y el proyecto PHOENIX-Raman analizará la composición de muestras heladas con espectroscopía láser, una técnica que permite identificar materiales sin destruirlos.

Cuatro personas aisladas: el experimento más humano

Mientras unos instrumentos estudian el hielo, otros observarán a los propios viajeros. La Universidad de Cádiz participa con WindSled Mind, una investigación sobre el sueño, la convivencia y las respuestas psicológicas a un aislamiento prolongado. Porque enviar personas a Marte no consiste únicamente en conseguir que una nave llegue: también hay que saber cómo trabajan juntas cuando no pueden salir, regresar a casa o pedir ayuda de inmediato.

La Universidad de Alcalá, con el proyecto POLARIS, medirá las diferencias de temperatura entre el interior y el exterior de los módulos y estudiará lo que supone entrar y salir repetidamente del refugio. Son problemas muy terrestres, sí, pero también aparecen cuando se diseñan habitáculos y rutinas de trabajo para exploradores espaciales.

No significa que el trineo esté simulando de forma completa una nave marciana. Es un análogo parcial: permite estudiar algunos factores del aislamiento y la supervivencia, pero no la microgravedad, la radiación del espacio profundo ni un viaje interplanetario real.

La Antártida también tiene preguntas que no necesitan mirar al cielo

Sería un error reducir esta expedición a una especie de entrenamiento para astronautas. Buena parte de su ciencia se centra en nuestro propio planeta: buscar microplásticos y contaminantes persistentes en la nieve, estudiar microorganismos transportados por el aire, reconstruir el clima a partir de testigos de hielo y comprobar cómo funcionan las señales de navegación por satélite en condiciones polares.

Los investigadores esperan obtener información de zonas a las que apenas llegan las campañas científicas convencionales. Además, hay una precisión ambiental importante: cuando los organizadores hablan de cero emisiones se refieren a la propulsión del trineo, que depende del viento. Eso no convierte en libre de emisiones toda la logística de personas, equipos y desplazamientos internacionales.

Antes de explorar otros mundos, todavía tenemos que entender el nuestro

Lo más sugerente de esta aventura es que une dos preguntas que suelen aparecer separadas: ¿qué ocurre en las zonas más desconocidas de la Tierra? y ¿cómo podremos sobrevivir y hacer ciencia más allá de ella? Puede que las respuestas empiecen a encontrarse no en una plataforma de lanzamiento, sino en un trineo de 15 metros avanzando sobre el hielo.

Y hay una buena razón para seguir la misión cuando arranque: sus resultados aún están por llegar. Por ahora tenemos objetivos, instrumentos y una ruta ambiciosa, no descubrimientos ya realizados. Lo interesante será comprobar qué datos consigue recoger cuando los cuatro expedicionarios estén realmente en medio de la Antártida.

Fuentes: Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; fichas de los proyectos científicos de Trineo de Viento; Universidad de Cádiz.

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