El fútbol necesita más espectáculo, pero no convertirse en la Super Bowl

La final del Mundial tendrá por primera vez un gran espectáculo durante el descanso. La idea no me parece mala, pero detener un partido durante media hora para copiar una fórmula creada alrededor de la publicidad tampoco parece la mejor forma de modernizar el fútbol.

Fui a ver el partido de la NFL en Madrid y salí del estadio con una sensación bastante clara: al fútbol le falta espectáculo. No dentro del campo, porque pocos deportes pueden generar durante noventa minutos la tensión, la emoción colectiva y la imprevisibilidad de un buen partido, sino en todo lo que sucede alrededor.

En la NFL no dejan que el estadio se apague. Cuando el juego se detiene, aparece la música, las pantallas enfocan al público, se organizan concursos y siempre parece estar ocurriendo algo. Puede resultar algo artificial y excesivo, pero la experiencia está pensada hasta el último detalle.

En muchos estadios de fútbol sucede justo lo contrario. Llegas, suena el himno del equipo, comienza el partido y, cuando termina, te marchas. Durante el descanso apenas hay algo más que música aleatoria, anuncios y gente haciendo cola para comprar una bebida.

Por eso mi primera reacción ante el espectáculo de la final del Mundial no es completamente negativa. De hecho, creo que el fútbol podría aprender bastante de la NFL. El problema aparece cuando aprender significa copiar exactamente su fórmula.

La Super Bowl no organiza un concierto solo por amor a la música

La final del Mundial será la primera de la historia que incluya un espectáculo musical durante el descanso. La FIFA ha confirmado un gran espectáculo musical para el intermedio, con la intención evidente de convertir la final en un acontecimiento que trascienda el propio partido.

El cartel puede resultar espectacular y convertir el descanso en uno de los grandes acontecimientos culturales del año. No tengo ningún problema con eso. Sin embargo, también conviene ser sinceros sobre la función que cumple este tipo de espectáculo.

El descanso de la Super Bowl no existe únicamente para entretener al público o celebrar la música. Es una herramienta perfecta para evitar que millones de espectadores abandonen la retransmisión y conseguir que permanezcan delante del televisor mientras se emiten algunos de los anuncios más caros del mundo.

La estrategia funciona porque el espectáculo se ha convertido en un producto capaz de atraer público por sí mismo, incluso entre personas que no tienen ningún interés especial en el fútbol americano. Hay espectadores que ven la Super Bowl por el partido, otros por los anuncios y muchos que conectan únicamente para ver la actuación.

Entiendo perfectamente que la FIFA quiera una parte de ese negocio. Un concierto permite atraer nuevos espectadores, generar contenido para redes sociales y convertir la final en un acontecimiento que trascienda el deporte. La cuestión es cuánto tiene que cambiar el fútbol para conseguirlo.

Un descanso de media hora parece excesivo

La actuación musical requerirá montar y desmontar un escenario sobre el césped. Por eso, aunque la FIFA no ha concretado públicamente la duración definitiva, se calcula que el descanso completo podría extenderse hasta los 25 o 30 minutos.

Las reglas actuales establecen que el intermedio no debería superar los quince minutos, aunque la duración puede modificarse con la autorización correspondiente, tal y como recoge la International Football Association Board en las reglas del juego.

Una pausa de media hora me parece excesiva porque los jugadores se enfrían, la tensión competitiva se rompe y el encuentro queda dividido en dos acontecimientos casi independientes. Además, el concierto corre el riesgo de competir con la final en lugar de complementarla.

La NFL funciona de una manera muy distinta. Es un deporte construido alrededor de interrupciones constantes, cambios de jugadores, pausas publicitarias y tiempos muertos. La propia realización televisiva está diseñada para llenar esos espacios sin que el espectador sienta que el acontecimiento se ha detenido.

El fútbol, en cambio, depende mucho más de la continuidad. Una jugada aparentemente intrascendente puede terminar en un gol treinta segundos después. Copiar una fórmula creada para otro deporte y otra cultura no garantiza que el resultado vaya a funcionar igual de bien.

El Mundial empieza a parecer un partido dividido en cuatro cuartos

Durante este Mundial se han introducido pausas de hidratación de tres minutos en todos los encuentros, independientemente de las condiciones meteorológicas. Se realizan aproximadamente en los minutos 22 y 67, y el tiempo empleado se añade posteriormente al descuento, según ha explicado la propia FIFA al presentar la medida.

La explicación oficial es proteger la salud y el rendimiento de los jugadores, especialmente en un torneo largo y disputado bajo temperaturas elevadas. Es una razón comprensible y no creo que se deba poner en peligro a los futbolistas simplemente para mantener el ritmo de la retransmisión.

Sin embargo, para el espectador la sensación es extraña. El partido termina dividido en cuatro bloques y esas pausas también ofrecen una oportunidad evidente para introducir publicidad en las retransmisiones.

Si a eso se suma ahora un espectáculo en el descanso que puede detener el encuentro durante cerca de media hora, el Mundial empieza a adoptar poco a poco una estructura más parecida a la de los deportes estadounidenses: más interrupciones, más contenido alrededor del partido y más oportunidades comerciales.

Puede que funcione y que dentro de unos años nos parezca completamente normal, pero también existe el riesgo de transformar demasiado un deporte cuya principal virtud siempre ha sido su continuidad.

El fútbol debería aprovechar mejor las pausas que ya existen

La solución tampoco pasa por rechazar cualquier cambio. El fútbol necesita modernizar la experiencia de los estadios, pero puede hacerlo sin inventarse nuevas interrupciones.

El VAR, por ejemplo, sigue siendo uno de los momentos más frustrantes para quien está en la grada. El árbitro se lleva la mano al oído, los jugadores esperan y el público no sabe exactamente qué se está revisando. A veces pasan varios minutos sin que nadie pueda explicar si se está comprobando un fuera de juego, una mano, una falta previa o una posible expulsión.

Ese tiempo podría utilizarse para explicar mejor la revisión en las pantallas, mostrar gráficos autorizados, generar algo de tensión con la música o facilitar que el espectador entienda qué está ocurriendo. No se trata de convertir cada revisión en una pausa publicitaria, sino de evitar esos momentos de confusión absoluta en los que el estadio entero está esperando sin recibir ninguna información.

También se puede dar más fuerza a la salida de los jugadores. Una iluminación mejor, una presentación cuidada y una ceremonia breve pueden transformar el inicio de una final sin necesidad de retrasar el partido. Las grandes competiciones ya hacen parte de este trabajo, pero sigue existiendo mucho margen para convertir los minutos previos en un verdadero espectáculo.

Algo parecido sucede con los goles. No hace falta detener el encuentro durante cinco minutos ni convertir cada celebración en una atracción artificial, pero sí se pueden aprovechar mejor las pantallas, el sonido, las luces y la realización del estadio. La NFL es capaz de convertir cualquier anotación en un momento colectivo, mientras que en muchos campos de fútbol todo se limita a poner una canción durante unos segundos.

Además, hay espacio de sobra para los conciertos. Se puede organizar una gran actuación antes del encuentro, una intervención corta dentro de los quince minutos reglamentarios y otra ceremonia después de entregar la copa. Incluso se podría dividir el espectáculo en varias partes para que la música acompañe al acontecimiento sin terminar condicionando el partido.

El fútbol debería aprender de la NFL a llenar mejor sus tiempos muertos, no a crear otros nuevos.

Habrá que verlo antes de decidir

También quiero ser justo porque todavía no hemos visto cómo funciona. Quizá la FIFA consiga montar y desmontar el escenario rápidamente, la actuación mantenga la tensión del estadio y los minutos adicionales no resulten tan pesados como ahora imaginamos.

Incluso puede que veamos la final y descubramos que el fútbol llevaba años desaprovechando uno de sus mayores escaparates. Una Copa del Mundo es mucho más que un torneo deportivo: es un acontecimiento cultural que reúne a millones de personas y tiene sentido que la música también forme parte de la celebración.

Mi rechazo no es hacia el espectáculo. Después de vivir un partido de la NFL desde dentro, creo que el fútbol podría cuidar mucho más la experiencia que ofrece al público. Lo que no me convence es que modernizar el deporte termine significando simplemente añadir más pausas para vender más cosas.

El fútbol no necesita convertirse en la Super Bowl. Puede observar qué hace bien la NFL, quedarse con aquello que mejora la experiencia y descartar lo que rompe su identidad.

La final será el primer gran experimento y probablemente este artículo necesite una actualización después del partido. Puede que el resultado sea mucho mejor de lo que ahora imaginamos o puede que, cuando hayan pasado veinticinco minutos desde el final de la primera parte, todos estemos deseando que vuelva a rodar el balón.

Deja un comentario