La IA gana más dinero que nunca, pero las bolsas empiezan a asustarse

TSMC acaba de presentar un beneficio trimestral récord, un 77 % superior al del mismo periodo del año anterior. En teoría, esa debería haber sido una noticia excelente para todo el sector tecnológico. Sin embargo, sus acciones cayeron y arrastraron a buena parte de los fabricantes de chips de Asia, Europa y Estados Unidos.

La contradicción resume bastante bien el momento actual de la inteligencia artificial: el negocio crece a una velocidad enorme, pero los inversores empiezan a preguntarse si incluso ese crecimiento es suficiente para justificar todo lo que se ha pagado por él.

Qué ha ocurrido

TSMC, la empresa taiwanesa que fabrica chips para compañías como Nvidia y Apple, ganó unos 22.000 millones de dólares durante el segundo trimestre. La cifra superó ampliamente las previsiones y marcó un nuevo récord.

Aun así, la cotización cayó alrededor de un 4 %. Japón y Taiwán sufrieron fuertes descensos y los futuros del Nasdaq anticiparon nuevas pérdidas. Reuters describe una venta generalizada de acciones vinculadas a semiconductores, mientras los fondos reducen parte de la exposición acumulada durante la carrera de la IA.

No se está castigando a TSMC porque venda pocos chips. Se la está castigando porque el mercado esperaba algo casi perfecto y teme que la inversión mundial en centros de datos haya avanzado más rápido que los ingresos que esos centros podrán generar.

El listón se ha vuelto absurdo

Durante los últimos años bastaba con anunciar una nueva inversión en inteligencia artificial para que muchas empresas subieran en bolsa. Ahora sucede lo contrario: los inversores quieren saber cuánto dinero real produce cada proyecto, cuándo será rentable y durante cuánto tiempo podrá mantenerse el crecimiento.

El problema es que las grandes tecnológicas están gastando decenas de miles de millones en servidores, redes eléctricas, refrigeración y chips. Esa infraestructura es necesaria, pero también debe amortizarse. Si los clientes no pagan lo suficiente por los servicios de IA, alguien tendrá que asumir la diferencia.

TSMC ocupa una posición privilegiada porque cobra por fabricar los chips independientemente de quién termine ganando la carrera. Sin embargo, ni siquiera esa ventaja la protege cuando su valoración incorpora años de crecimiento extraordinario por adelantado.

¿Ha estallado la burbuja de la IA?

Todavía no. Una sesión de caídas, por fuerte que sea, no demuestra que todo el sector esté sobrevalorado ni que la demanda vaya a desaparecer.

Los resultados de TSMC muestran precisamente lo contrario: existe una demanda real y enorme. Los modelos necesitan más capacidad de cálculo, las empresas están sustituyendo equipos y los gobiernos consideran los chips una infraestructura estratégica.

Lo que sí está cambiando es la forma de valorar ese crecimiento. El mercado empieza a separar a las compañías que venden productos rentables de aquellas que únicamente prometen un futuro ligado a la IA.

Qué debemos vigilar ahora

La primera señal será el gasto de Microsoft, Google, Amazon y Meta durante los próximos trimestres. Si reducen sus inversiones, los fabricantes de chips lo notarán rápidamente. Si las mantienen, aumentará la presión para demostrar que sus asistentes, servicios empresariales y plataformas generan ingresos suficientes.

La segunda será el precio de la energía. Los centros de datos consumen enormes cantidades de electricidad y el conflicto en Oriente Próximo vuelve a amenazar la estabilidad energética. La IA no vive en una nube abstracta: depende de edificios, redes, agua y combustible.

La tercera será la reacción de Nvidia y de los fabricantes de memoria. Hasta ahora han sido los grandes beneficiados, pero también concentran las expectativas más elevadas.

La inteligencia artificial no parece estar desapareciendo. Lo que empieza a desaparecer es la idea de que cualquier empresa relacionada con ella merece cualquier precio.

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